Pulsiones de Vida y Pulsión de Muerte por Freud
Freud consideró que todo el comportamiento humano
estaba motivado por las pulsiones, las cuales no son más que las
representaciones neurológicas de las necesidades físicas. Al principio se
refirió a ellas como pulsiones de vida. Estas pulsiones perpetúan (a) la vida
del sujeto, motivándole a buscar comida y agua y (b) la vida de la especie,
motivándole a buscar sexo. La energía motivacional de estas pulsiones de vida,
el "oomph" que impulsa nuestro psiquismo, les llamó libido, a partir
del latín significante de "yo deseo.
La experiencia clínica de Freud le llevó a considerar
el sexo como una necesidad mucho más importante que otras en la dinámica de la
psiquis. Somos, después de todo, criaturas sociales y el sexo es la mayor de
las necesidades sociales. Pero, aunque debemos recordar que cuando Freud
hablaba de sexo, hablaba de mucho más que solo el coito, la libido se ha considerado
como la pulsión sexual.
Más tarde en su vida, Freud empezó a creer que las
pulsiones de vida no explicaban toda la historia. La libido es una cosa
viviente; el principio de placer nos mantiene en constante movimiento. Y la
finalidad de todo este movimiento es lograr la quietud, estar satisfecho, estar
en paz, no tener más necesidades. Se podría decir que la meta de la vida, bajo
este supuesto, es la muerte. Freud empezó a considerar que "debajo" o
"a un lado" de las pulsiones de vida había una pulsión de muerte.
Empezó a defender la idea de que cada persona tiene una necesidad inconsciente
de morir.
Parece una idea extraña en principio, y desde luego fue
rechazada por muchos de sus estudiantes, pero creemos que tiene cierta base en
la experiencia: la vida puede ser un proceso bastante doloroso y agotador. Para
la gran mayoría de las personas existe más dolor que placer, algo, por cierto,
que nos cuesta trabajo admitir. La muerte promete la liberación del conflicto.
Freud se refirió a esto como el principio de Nirvana.
Nirvana es una idea budista usualmente traducida como "Cielo", aunque
su significado literal es "soplido que agota", como cuando la llama
de una vela se apaga suavemente por un soplido. Se refiere a la no-existencia,
a la nada, al vacío; lo que constituye la meta de toda vida en la filosofía
budista.
La evidencia cotidiana de la pulsión de muerte y su
principio de nirvana está en nuestro deseo de paz, de escapar a la
estimulación, en nuestra atracción por el alcohol y los narcóticos, en nuestra
propensión a actividades de aislamiento, como cuando nos perdemos en un libro o
una película y en nuestra apetencia por el descanso y el sueño. En ocasiones
esta pulsión se representa de forma más directa como el suicidio y los deseos
de suicidio. Y en otros momentos, tal y como Freud decía, en la agresión,
crueldad, asesinato y destructividad.
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